HISTORIA DEL CINE MUDO (II): Pioneros del cine. Los hermanos Lumière, Alice Guy y George Méliès

La primera proyección de imágenes en movimiento corrió a cargo de los Lumière gracias al cinematógrafo, la primera narración ficcional salió de la mente de Alice Guy y fue secundada por el amplio abanico de historias y géneros por medio de las infinitas fantasías de George Méliès y su cine de espectáculo.

Auguste y Louis Lumière nacieron en Francia en el siglo XIX (1862 y 1864 respectivamente). Hijos de Antoine, padre cuyo oficio era el de fotógrafo. Si su progenitor no hubiera ejercido dicha profesión, quizás los hermanos nunca se hubieran dedicado a la proyección de imágenes, quizás nunca se hubiera inventado el cine. Y es que los hermanos siempre crecieron rodeados de cámaras, productos químicos necesarios para ello y todo tipo de artilugio fotográfico. Louis, era el más enérgico de los dos, era el encargado de tomar la iniciativa a cuantos asuntos se les presentasen delante. Auguste, el mayor, era sin embargo más introvertido, pero con un talento y preocupación para la química que hacían que una compenetración y asociación con su hermano casi perfecta.  Cuando eran jóvenes, los hermanos se entretenían con los instrumentos de su padre, mezclaban los productos químicos a la espera de sustancias o materiales fotográficos innovadores, o reciclaban los que no eran usados para encontrar la manera de sacar las mejores fotografías.  Años más tarde y ya con la profesión de fotógrafos debajo del brazo, los Lumière no se conformaban con lo que había y querían apostarlo todo a la innovación. Mientras Auguste trataba de hacerlos crecer como empresa y como profesionales con la ayuda y aportación de su padre, Antoine, Louis se dedicaba a continuar con la experimentación en el campo fotográfico: descubrimiento de sustancias, innovación en materiales, etc. Estaban igual tan interesados en el campo artístico que les proporcionaban las imágenes como en el campo científico y todas posibilidades que podían ofrecer. Y es así como descubrieron un proceso que agilizaba el tiempo de espera en la impresión fotográfica mediante el invento de unas placas fotográficas denominadas etiquetas azules. A partir de este inicial descubrimiento, los Lumière decidieron firmar cada una de sus patentes y proyectos con los dos nombres estampados en el papel.

Los hermanos Lumière vivieron en una época trascendental para el futuro de la sociedad. Convivieron con numerosas personalidades científicas que permitieron el avance en diferentes campos, desde la medicina, al motor y la tecnología. En definitiva, la ciencia y la técnica. Uno de ellos provocó un efecto lateral con una de sus patentes y fue uno de los mayores inventores de la historia moderna: Thomas Alva Edison. A la par que lidiaba con Nikola Tesla por demostrar quién inventó qué, el inventor y trabajador norte americano descubrió cómo proyectar imágenes en movimiento, es decir, no se conformaba con su representación fija en el tiempo y en el espacio, quería dotarlas de movimiento. Así es como en 1891, apareció el primer instrumento que proyectaba imágenes en movimiento, el Kinetoscopio. Se trataba de un cilindro que contenía imágenes en su interior y que al hacerlo girar con el movimiento, parecía que éstas se estaban moviendo.

Este aparato lo mejoró y lo introdujo en una caja grande con más cilindros y con la instalación de una lente colocada en la única vía de visión de todo esto, un agujero del tamaño de un ojo. La cadencia de estas proyecciones era de 40 fotogramas por segundo que eran proyectadas por una lámpara en su interior para que se pudieran ver a través la lente. Este invento llegó al conocimiento de la familia Lumière en uno de los viajes de negocios del padre a París. Allí descubrió el artefacto y no tardó en hacérselo saber a sus hijos junto con el punto débil que ellos mismos enmendarían y utilizarían en un futuro próximo. Las proyecciones de Edison eran individuales, mientras que los Lumière consiguieron, tiempo después, realizar proyecciones en grupo. Gracias a la  cámara oscura y la linterna mágica que eran herramientas que permitían la proyección de imágenes en movimiento a superficies planas y blancas, los Lumiére inventaron el primer proyector de cine, el cinematógrafo. Louis fue el padre de esta empresa durante una noche de insomnio y lo único que se le ocurrió fue la aplicación del funcionamiento de una máquina de coser a una de proyección de cine, cambiando una sola de sus herramientas: un pedal por una manivela. Un aparato ligero y fácil de utilizar que además presentaba una novedad respecto a otros anteriores: también grababa las imágenes y las proyectaba en la pantalla.  El 13 de febrero de 1895, los hermanos patentaron su creación. Ellos fueron las primeras personas en proyectar imágenes en movimiento sobre una pantalla, es decir, proyectar una película, es decir, hacer cine. Ellos son los inventores del cine y su primera película fue La salida de los obreros de la fábrica Lumière (no encuentro el título original, 1895) y la que los haría famosos en todo el mundo, La llegada del tren a la ciudad (L’Arrivée d’un train à la Ciotat, 1896).

Además de la muy importante aportación de estos hermanos franceses para la iniciación y proliferación de lo que años más tarde ya se consideraría arte puro, casi de forma paralela en cuánto al tiempo, existieron también dos personas clave para sustentar esta última afirmación. George Méliès y Alice Guy-Blaché. De entre estos dos artistas se ha considerado que nació el cine como objeto de ficción narrativa, como instrumento eficaz de contar y narrar historias. Por las condiciones sociales y civiles relativas al contexto social al que pertenecen, las hazañas, aportaciones e invenciones de Alice Guy fueron “borradas” de cualquier registro durante décadas. Por lo tanto, fue ella quien se puede decir que es la primera creadora del cine ficcional y del cine narrativo. Además de ser la primera mujer en trabajar para y por el cine de la historia. Sentó las bases de un cine que abriría puertas narrativas y de género para generaciones venideras. Desde muy joven comenzó en los sectores que le permitiesen trabajar con el uso de imágenes, comenzando como secretaria de la Compañía General de Fotografía, la cuál, en 1895 sería adquirida por Leon Gaumont para crear Compañía Gaumont.  Gracias a esto último, Alice Guy tuvo acceso por primera vez a una cámara, una de la compañía llamada Cámara Demeny-Gaumont que le permitió, un año más tarde, rodar su primera película La feé aux choux, en la que mezclaba imágenes en movimiento con arte teatral.  Durante los próximos años su pasión y constante trabajo (lo que la convertirá en productora y directora de cientos de filmes) rodará películas como Sage – femme de première classe (1901), con la creación sofisticada de algunos de los primeros trucos cinematográficos como la superposición y trabajará para la primera película de la Compañía Gaumont, La vida de Cristo (1906). Años más tarde, su apellido pasa ser Guy-Blaché, ya que se casa con Herbert Blaché, director de la Gaumont en su sede británica.

Alice Guy-Blaché se convirtió en la primera persona en la historia de la industria cinematográfica que pudo vivir económicamente de ello, es decir, fue la primera profesional y la primera en convertir este sector en lo que se acaba de mencionar líneas arriba, en industria. Fue además de la primera narradora de ficción cinematográfica, la primera especialista en efectos especiales, creadora de la ciencia ficción y dio los primeros pasos en lenguaje cinematográfico (que más tarde perfeccionaría y desarrollaría como tal David W. Griffith): iluminación, montaje, etc. Por eso muchos consideran que fue Alice Guy y no Méliès como la primera persona en crear el cine narrativo y quizás podría resultar difícil entender la obra de George Méliés sin la labor de la primera. No obstante, todo lo relacionado con la persona y obra de Alice Guy no resta, ni salva distancias, con la inmensa obra y aportación de George Méliès a la historia de cine.

Este trabajador de espectáculos francés fue una figura de capital importancia para no solo el cine francés, sino para la iniciación del cine considerado como arte y espectáculo. Sus comienzos fueron en el campo de la fotografía animada. Desde su infancia se pusieron de manifiesto sus aptitudes para el dibujo, la pintura, la caricatura y la escultura, entre otras. Además de una gran predilección por el teatro, los decorados y toda la maquinaria que rodeaba a estos ámbitos. Sus primeras aportaciones al espectáculo fueron las comedias satíricas y sus continuas asistencias al teatro Egypcian Hall le permitieron ser conocedor de primera mano de otro género que sería muy importante de cara a futuras obras, la prestidigitación y la fantasía. En 1895, invitado por Louis Lumière, asiste a la primera sesión cinematográfica y se queda impresionado al admirar las primeras imágenes en movimiento que le provocan la imperiosa necesidad de dedicarse a ello, pero desde un punto de vista artístico, y no meramente científico como era la intención de los hermanos Louis y Auguste. Le pregunta a Louis si tiene en venta el recién inventado aparato y la respuesta que consigue es un no rotundo, ya que la intención de los hermanos era pura y simplemente de uso científico. George Méliès no tarda en decidirse a construir la suya propia, mejorada en lentes y en movilidad, y gracias a esto registra las primeras vistas de la historia en una playa francesa. Se convertirá con el paso de los años (1896 – 1914), en diseñador, decorador ilusionista, autor de sus escenarios, director  y artista principal de todas sus composiciones. Era su versatilidad la mayor de sus virtudes cinematográficas. Un año después de la presentación del cinematógrafo, en 1896, Méliès decidió convertirse en cineasta.

En sus representaciones en el teatro Robert-Houdin proyectaba una serie de vistas fotográficas coloreadas sobre cristal. Estas proyecciones estaban realizadas con luz de diferentes linternas combinadas de tal manera que permitían a los cuadros fundirse unos con otros. Es el sistema primitivo del actual fundido cinematográfico. Y a diferencia de Alice Guy, quien creó con el cine las primeras narraciones y las primeras ficciones, Méliès aprovechó la tremenda oportunidad y fundó lo que se conoce como espectáculo cinematográfico (1897) produciendo las primeras grandes obras y las primeras reconstrucciones históricas. Crea a partir de entonces los primeros trucos cinematográficos, crea y funda el género mágico y fantasmagórico además de haber creado otros géneros: drama, vodevil, ópera y sobre todo viajes fantásticos. Fue el primero en comprender el partido que se le podría sacar al cinematógrafo, el primero en construir un estudio, el primero en construir grandes composiciones y decorados escénicos y el primero en desarrollar los trucajes cinematográficos. Con el paso de los años y desde que los fabricantes de aparatos de toma de vistas instalaron sus negocios, Méliès había creado el Kinetógrafo y prefería dedicarse exclusivamente a la composición de vistas teatrales. Otros también desarrollarían sus propios aparatos cinematográficos: Gaumont y Pathé (que finalmente se convertiría en una de las productoras más importantes del país). Después de la Primera Guerra Mundial y por una serie de circunstancias (inevitable ostracismo, embargos, etc.) Méliès perdió casi todo lo que tenía relacionado con el cine, abandonó sus películas, abandonó sus instrumentos y se vio sometido a trabajar como mero vendedor en una pequeña tienda de la estación de Montparnasse. Tiempo después, el propietario del Cine Journal lo descubrió en tal situación que inmediatamente puso en marcha una campaña para que permitiese a Méliès salir de dicha tesitura y además, gozar de un reconocimiento del que todavía no era consciente pero que fuera de las fronteras francesas ya era considerado una leyenda viva del arte del cine.

Para terminar de redondear la vida e importancia que supuso la aportación de estas personalidades a la génesis cinematográfica es necesario hablar de su incipiente lenguaje cinematográfico. Lo que más tarde David W. Griffith desarrollaría, desglosaría y perfeccionaría en la temáticamente infame pero soberbia El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915) recogiendo el legado de los Lumière, Alice Guy y George Méliès. Estos tres, con una puesta en escena novata e inocente, anclaban todas sus imágenes al plano general fijo. Los Lumiére utilizaban este dispositivo para documentar la realidad, es decir, colocaba en la distancia la cámara para observar a los obreros de su fábrica salir o para esperar la llegada de un tren. Alice Guy quizás acercaba un poco más el plano para plasmar en imagen sus primeras narraciones, pero sin dejar de ser general y Méliès, quizás el que más uso le dio a la aportación de este tipo de imagen, acorde para que los trucajes, escenarios y decorados pudiesen ser vistos en toda su envergadura por el espectador.

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