HISTORIA DEL CINE MUDO (I): Los frenénicos orígenes del cine

Jacinto Benavente escribía esto el 6 de julio de 1896 en el periódico El Imparcial: “una serie de imágenes sucesivas iluminadas con rapidez por un solo foco de luz poderosa produce la misma sensación de una imagen única. Así mis amores varios y distintos, producen en mi alma la sensación de un solo amor ideal”. De esta manera describía las sensaciones que le causó a este dramaturgo ver por primera vez las imágenes en movimiento a través de “el cinematógrafo del amor”, título con el que bautizó el artículo. Tantos años después, resulta curioso cómo la definición puede todavía, en la actualidad, describir el cine.

Es difícil establecer los orígenes del cine acuñando una sola fecha o un solo autor. Para ser justos, deberíamos decir que la cinematografía es hija de una serie de avances técnicos que vienen dados por la modernidad y que tiene su reconocimiento con la primera proyección pública de éxito: La salida de la fábrica Lumière en Lyon, de los hermanos Lumière, presentada en el año 1895 en un salón llamado el Indio, situado en Le boulevard des Capucines de París.

La modernidad es clave para entender por qué la invención del cinematógrafo –el aparato patentado por los Lumière en 1895 y que finalmente se impondrá en el mercado– es, en realidad, un invento colectivo. Sin saberlo, cientos de personas a lo largo de todo el mundo estaban llegando a soluciones muy parecidas. Esta sinergia, y el desarrollo posterior del mercado cinematográfico, no habría sido posible sin los avances que la modernidad proporcionó en materia de comunicaciones: las distancias y el tiempo se redujeron gracias a la generalización del ferrocarril, del automóvil o del tranvía eléctrico; el telegrama conectó personas de lejanas ciudades de manera inmediata; hubo increíbles avances en medicina como la invención de los Rayos X o las vacunas; la proliferación de los transformadores eléctricos permitieron la electricidad en infinidad de hogares, etc. En definitiva, la modernidad trajo consigo un cambio total en la sociedad que afectó a todos los ámbitos de la vida y del pensamiento.

El cine no nació con la pretensión de ser un espectáculo de masas, sino más bien unido a la comunidad científica e industrial. El cine tal y como lo entendemos hoy en día  –imágenes en movimiento–, tiene su punto de partida en las investigaciones con la cámara fotográfica. Así, Eadweard Muybridge (1830-1904), en 1872, crea la cronofotografía, donde varias cámaras colocadas en una hilera van disparando fotografías con intervalos de tiempo muy cortos entre sí. La intención de este experimento era puramente científica y servía para estudiar el movimiento de los cuerpos. En este sentido, la cronofotografía más famosa es la de Caballo en movimiento (1878).

De manera paralela, otro de los experimentos que buscaban capturar el movimiento fue el de Étienne Jules Marey (1830-1904), este a través de un fusil fotográfico. El nombre no engaña, realmente era de una especie de escopeta donde se debía usar la “mirilla” para apuntar hacia tu objetivo y disparar para realizar la ráfaga fotográfica.

Experimentos como estos derivaron inequívocamente de la teoría de la persistencia retiniana, muy extendida desde su formulación a principios del XIX pero hoy en día sin validez, según la cual una imagen puede quedar insertada en la retina humana durante algunos segundos antes de “borrarse”. Para apoyar esto, John Ayrton Paris inventó en 1824 lo que enseguida sería el primer juguete óptico de la historia: el taumátropo.

El taumátropo funciona juntando la información visual de dos imágenes que se van superponiendo rápidamente una respecto a la otra, dando sensación de unidad. Estos mismos experimentos dieron lugar a otros algo más complejos pero que seguían su mismo mecanismo. En 1834, William George Horner creó el zoótropo, un anillo circular en cuyo interior se encuentran imágenes que se suceden la una a la otra en el tiempo de acción, de esta manera, al accionarlo, el círculo comienza a moverse; el espectador debe mirar las imágenes a través de unas ranuras que hay entre imagen e imagen y se tiene la sensación de movimiento. Este es precisamente el mecanismo que siguen las imágenes en un cinematógrafo.

Por otras vías también se comenzaba a desarrollar la idea de linterna mágica, un aparato del que se comienza a hablar en algunos escritos del siglo XVII y que corresponde a un modelo primitivo de proyector y, de hecho, tienen una disposición similar: con una lámpara de aceite se iluminan unas placas de vidrio pintadas con diferentes escenas y, a través de un juego de lentes y espejos, estas se ven reflejadas en la pared. A raíz de este entretenimiento, muy popular entre las familias burguesas, se fueron añadiendo más escenarios, complicando las lentes, los vidrios, etc., hasta a llegar realizar espectáculos como las fantasmagorías, espectáculo audiovisual que se estrenó en París en 1796 en manos del físico belga Étienne-Gaspard Robert en un antiguo convento capuchino. La representación se realizó en una sala casi a oscuras, de modo que los espectadores no vieron que las paredes no eran paredes, sino telas por las que se proyectaban imágenes de fantasmas y otras criaturas alrededor de toda la sala.

Uniendo estos dos espectáculos, el de la linterna mágica que proyectaba las imágenes en un lienzo y el concepto de consumo en masa de la fantasmagoría, se creó lo que se podría denominar el primer espectáculo de cine de la historia, el de Emile Reynaud ( 1844-1918). Con su teatro óptico, cuyo grabado podemos ver en la imagen de la portada, desarrolló una serie de escenas de animación a color, sofisticando bastante las técnicas hasta entonces utilizadas por otros proyeccionistas de linternas mágicas. En este contexto de voluntad real por representar el movimiento, aparece del inventor francés Louis Le Prince (1842-1890) con un avance bastante importante en el año 1888 donde consigue filmar una escena en la que aparece su familia en el jardín de casa de sus suegros. La pieza, de apenas dos segundos, se denomina La escena del jardín de Roundhay.

Nunca sabremos lo que le ocurrió a Le Prince en el trayecto del tren entre Dijon y París el día 16 de septiembre de 1890, pero lo cierto es que desapareció de su camarote sin dejar rastro ni de sí mismo ni de la patente de su invento. Existe la teoría bastante extendida  de que la mano de Thomas A. Edison (1847-1931), quien quiso comprarle la patente al francés, que se negó, pudo estar detrás de todo ello. Uno de los argumentos que apoyan esta teoría es que la forma de proceder de Edison encajaba con esta extraña desaparición.

LA GUERRA DE PATENTES

Sea como fuere, Edison patentó el kinetoscopio en 1889, aunque no fue hasta 1893 cuando comenzó realmente su comercialización. Era un aparato de consumo individual, con sesiones que duraban una media hora en los que se pasaban 12 películas, las cuales solían durar unos 20-30 segundos cada una, en bucle. Llevaba sonido incorporado a las grabaciones visuales mediante un fonógrafo, pero constantemente se producían decalajes bastante importantes. Además, no permitía un sonido demasiado alto, una de las razones por las cuales debían ser aparatos de consumo individual. Los comercializa en salas llamadas Nickelodeones porque hace que las máquinas se pongan en marcha al introducir una moneda de 10 centavos en ellas, es decir, 1 nickel. La propia empresa de Edison, Edison Manufacturing Company, producía las películas en sus estudios llamados Black Maria. Allí rodaban con las grandes estrellas de los escenarios del momento como reclamo a espectadores de Nickelodeones curiosos. Una de las producciones más famosas es la de El baile de la serpentina de Annabel, coloreada a mano fotograma a fotograma, con un coste considerable, sin embargo se trataba de una técnica bastante extendida en el origen del cine.

Poco después de la comercialización del kinetoscopio, Edison le compró la patente de un nuevo aparato de proyección al inventor americano Thomas Armat, quien había mejorado visiblemente el anterior kinetoscopio permitiendo una proyección pública. Lo que hizo Edison fue cambiarle el nombre por vitascopio Edison. La primera proyección pública fue en el mismo año que la de los Lumière en la Exposición de los Estados del Algodón en Atlanta, pero Edison consideró que su invento anterior, el kinetoscopio, todavía podía rentabilizarlo un poco más y el vitascopio no llegó a comercializarse hasta pasados unos años.

La empresa Edison Manufacturing Company mantuvo un permanente litigio por la monopolización de la creciente industria del cine. Con más de 1.000 patentes en su haber, el americano persiguió a todo aquel que no utilizara una de sus patentes o que no pagara tasas por ello. Se inicia así lo que comúnmente se denomina guerra de patentes que llevó a su empresa a ampliar todavía más sus redes por todo el mundo. Sin embargo, fueron varios los que pudieron plantarle cara, entre ellos, el inventor inglés Robert W. Paul (1869-1943) a quien los hermanos Mynas le pedirían que construya un kinetoscopio aprovechando que, en su presentación en Inglaterra el 25 de mayo de 1894, este aparato no se patentó. Así, el 25 de mayo de 1895 Paul presentó en Gran Bretaña el animatógrafo, un aparato tomavistas mucho más ligero que la patente de Edison. Pronto comenzaron a comprarlo de todas partes de Europa y se convirtió en un competidor fuerte del americano, pero también del cinematógrafo de los Lumière.

En otros países, aunque no con tanta fuerza, otros investigadores llegaron a soluciones muy parecidas, aunque con resultados menos definitivos: en Berlín, Max Skladanowsky inventa el biosocopio en 1895, con un mecanismo algo complejo y con unos resultados no del todo satisfactorios, puesto que eran imágenes puestas una detrás de otra pero sin sensación de continuidad; en Polonia, Kazimirez Proszyski inventa el pleograf en 1894; en Rusia, Jossif Timtschenko, después de haber creado varias cámaras de película fotográfica en 1880, patenta en 1893 junto al profesor Cubimov la primera cámara de película continua, etc. Solo como dato, en el periodo de solo un año (1895-1896) se patentaron más de 200 modelos de tomavistas y/o proyectores en todo el mundo, sin contar los que, por miedo a perder sus obras, nunca registraron sus inventos.

Otra de las grandes empresas de cine y la primera que integró producción, distribución y exhibición es Pathé Frères, creada en 1896 por Charles Pathé (1863-1957) junto con sus hermanos Émilie, Théophile y Jacques. Gracias a la mecánica de la empresa, pronto se convierten en la mayor productora mundial a lo largo de la primera década del siglo XX. Por poner un ejemplo, ya en 1907, más de la mitad de las películas que se estrenaban en los Nickelodeón norteamericanos eran producción suya.

En este sentido, Léon Gaumont (1864-1946) fue otro de los aventajados competidores en esta carrera. Su empresa, que abre en 1895 con el nombre de L. Gaumont et compagnie, compró las patentes de algunos aparatos de proyección y tomavistas y las implantó en sus grandiosas salas de cine para proyectar sus propias producciones. Fue una de las mayores empresas del mundo con una gran cantidad de trabajadores a su cargo.

A partir de la creación de estas grandes empresas, la grabación de las películas –de 20 segundos de duración en sus inicios a 5-10 minutos hacia 1910– se sistematizó en los estudios de grabación, diseñándose para aprovechar el máximo de espacio posible para rentabilizar beneficios. En la imagen superior podemos ver cómo se disponía el set de rodaje en Edison Studios (Bronx, Nueva York) durante los años 1907 y 1914 .

LOS HERMANOS LUMIÉRE Y EL CINEMATÓGRAFO

Mientras tanto, en la otra capital indiscutible del cine, Francia, los hermanos Lumiére presentaban en París su cinematógrafo. Se trataba de un aparato bastante más complejo que el kinetoscopio con grandes ventajas: podía rodar y hacer copias de los negativos –muy importante para la distribución– y permitía su proyección en público. Como decimos, habitualmente se considera que la proyección de  La salida de la fábrica Lumière en Lyon el 22 de marzo de 1895 es la que marca el inicio del cine, pero, como también hemos visto, existen multitud de inventos previos que podrían considerarse como inicio de la cinematografía. Sin embargo, esta fecha es significativa porque sí que se establece con esta representación el inicio de lo que será la manera de consumir y entender la cinematografía a partir de este momento.

Desgraciadamente, la gran mayoría de material con el que se creaban estas obras no estaba hecho para perdurar. En muchos casos solo se podía hacer una sola copia de la película y, en otros, tanto el negativo original como las copias positivas resultantes eran desechados cuando la película pasaba de moda o el material se degradaba por el uso. El único objetivo del cine era comercial. De este modo, nuestra visión de la historia del cine es muy sesgada ya que hemos perdido casi el 85% de toda la filmografía que se creó en los primeros años del cine. Sin embargo, todavía quedan vestigios de lo que significó ese periodo de explosión del nuevo arte que merece la pena rescatar, poner en valor y conservar a toda costa. La historia de los orígenes del cine es bastante más densa e interesante de lo que podamos llegar a imaginar. Es importante comprender este pasado que reverbera sin nosotros saberlo en el cine de nuestro presente. Descubramos juntos ese camino.

Desgraciadamente, la gran mayoría de material con el que se creaban estas obras no estaba hecho para perdurar. En muchos casos solo se podía hacer una sola copia de la película y, en otros, tanto el negativo original como las copias positivas resultantes eran desechados cuando la película pasaba de moda o el material se degradaba por el uso. El único objetivo del cine era comercial. De este modo, nuestra visión de la historia del cine es muy sesgada ya que hemos perdido casi el 85% de toda la filmografía que se creó en los primeros años del cine. Sin embargo, todavía quedan vestigios de lo que significó ese periodo de explosión del nuevo arte que merece la pena rescatar, poner en valor y conservar a toda costa. La historia de los orígenes del cine es bastante más densa e interesante de lo que podamos llegar a imaginar. Es importante comprender este pasado que reverbera sin nosotros saberlo en el cine de nuestro presente. Descubramos juntos ese camino.

Nota: existen dos películas actuales que hablan sobre este periodo del cine y que podría serles de interés:

  • Así empezó Hollywood (Nickelodeon, Peter Bogdanovich, 1976, EE.UU.).
  • Los hombres de la manivela, (Bajecni muzi s klikou, Jirí Menzel, 1979, Checoslovaquia).

REFERENCIAS

SÁNCHEZ NORIEGA, José Luís. Historia del cine. Madrid: Alianza Editorial, 2006.

GUBERN, Román et. al. Historia del cine español. Madrid: Cátedra, 2009.

DIEZ PUERTAS, Emeterio. Historia social del cine en España. Madrid: Editorial Fundamentos, 2003.

MEDINA, Pedro; GONZÁLEZ, Luís Mariano; VELÁZQUEZ, José Martín (ed.). Historia del cortometraje español. Madrid: Festival de Cine de Alcalá de Henares, Filmoteca de la Generalitat Valenciana, Caja de Asturias-Obra Social y Cultural, Sociedad General de Autores de España, 1996.

MARTÍNEZ, Josefina. Los primeros veinticinco años de cine en Madrid. 1896-1920. Madrid: Filmoteca Española, 1992.

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